La noche con su silencio es el escenario perfecto para el misterio y la sorpresa.
Y esa noche de Diciembre no seria la excepción.
Recuerdo la obscuridad rodeando mi habitación y solo al centro, la luz tenue de un foco de escasos watts.
Mi padre sentado a mi izquierda, en el suelo, a pie tirante de camisa blanca arremangada. yo igual en el suelo observando un juguete hermoso con vistosas luces roja y azul en la hélice que encienden de manera intermitente, un helicóptero azul forma el juguete en su totalidad. Por si fuera poco esto, un juguete mas, una "revolvedora de concreto" de color amarillo, seria mi compañera de juego durante mas tiempo que el helicóptero. Ambos tenían funciones de ruidos y movimientos alimentados por la energía de baterías.
El helicóptero duro poco porque había que ver como funcionaba, como giraban las hélices y que era eso que irradiaba luz en ellas. Así que manos a la obra y mis manos infantiles fueron suficientes para romper, investigar, exponer los pequeños focos que había en los extremos de la hélice y para sacar el corazón del juguete, un pequeño motor eléctrico que igual me divertirían como si fueran el juguete completo.
Elías
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